Parece que la transición, con las últimas noticias, papeles, dossiers,...que nos llegan de USA va a depararnos más sorpresas de las previstas, que la influencia de los USA en nuestra transición fue total, de tal forma que el guión suministrado por la administración Nixon fue seguido punto por punto por los jefecillos locales sin rechistar. Va apareciendo con meridiana claridad que, en primer lugar, de transición, nada y en segundo lugar, que ni el rey, ni Suárez ni Santiago Carrillo tuvieron nada que ver en la forma en que se hizo la transición. Estos sólo siguieron obedientemente los pasos marcados por Vernon Walters y Nixon sin que la muerte de Franco constituya ningún punto de inflexión en un proceso que venía de años antes y que siguió, sin variación, años después.
A principios de los setenta EEUU estaba especialmente interesado por la situación que se plantearía en España tras la muerte de Franco; la crisis del petróleo convertía a España en futura plataforma de cara al Próximo Oriente, como después se comprobaría en los hechos. Famosa es la visita que por mandato de Nixon haría Vernon Walters a Franco para preguntarle sobre el futuro de España tras su eventual muerte, a lo que es conocido,que Franco respondió que la existencia de las clases medias aseguraba la continuidad del régimen.
La situación que vivió Portugal en 1974 convencieron a la administración norteamericana de la posibilidad cierta de que tras una dictadura y en una situación de vacío de poder los comunistas podían llegar a convertirse en una fuerza gobernante. Urgía para los EEUU crear en España un Partido Socialista en España (es cierto que existía, pero con los socialistas que había en España apenas se podía cubrir para jugar un partido de fútbol). En Portugal los EEUU llegaron a sacar un Partido Socialista de la manga, gracias al dinero aportado por la Fundación Ebers y a la socialdemocracia alemana; ese partido, incluso, llegaría al gobierno pocos años después con Mario Soares.
En España, pues, erea de un lado crear un partido "cristiano" continuador del régimen y recrear un partido socialista, dejando de lado por completo a los comunistas del proceso. Estos planes eran, como muestra los dossiers norteamericanos y por fuentes conocidas desde hace tiempo, comentados por un Franco al que quedaban dos telediarios, Carrero Blanco antes de su muerto y fue rápidamente intuida por el hombre al que los norteamericanos finalmente encargarían de llevar adelante todo el proceso de cambio político sin cambios reales: Felipe González.
Para el Partido cristiano, los documentos norteamericanos hablan como futuro dirigente de un hombre del régimen, del interior, de familia humilde,... El escogido fue Herrero Tejedor, pero su muerte en accidente de coche hizo que tras la muerte de Franco aún no estuviese tomada la decisión. Los posibles eran Fraga, Areilza y Suárez. Tras la masacre de Vitoria, Fraga resultaba impresentable y se decidió por Suárez; para dejar de lado a Areilza se aireó un affaire sentimental del político.
Suárez fue pensado por los norteamericanos como un político de transición; su posterior negativa a abandonar el poder, presentándose a dos elecciones sucesivas, le conseguiría la enemistad americana (y con ella de banqueros y americanos). Para los banqueros y los americanos era básico que el Partido Socialista creado por ellos (ya veremos cómo) se hiciese con el poder, para poder manejar a la clase obrera en los reajustes neoliberales que se avecinaban. Felipe González era consciente de ello y durante seis años acorraló sin tregua a Adolfo Suárez sabiendo que contaba con poderosos aliados. Sabido es como después de la subida de los socialistas al poder se acabó el ruido de sables en España (y así lo dijo por televisión Alfonso Guerra a los cien días de gobierno socialista).
A principios de los setenta EEUU estaba especialmente interesado por la situación que se plantearía en España tras la muerte de Franco; la crisis del petróleo convertía a España en futura plataforma de cara al Próximo Oriente, como después se comprobaría en los hechos. Famosa es la visita que por mandato de Nixon haría Vernon Walters a Franco para preguntarle sobre el futuro de España tras su eventual muerte, a lo que es conocido,que Franco respondió que la existencia de las clases medias aseguraba la continuidad del régimen.
La situación que vivió Portugal en 1974 convencieron a la administración norteamericana de la posibilidad cierta de que tras una dictadura y en una situación de vacío de poder los comunistas podían llegar a convertirse en una fuerza gobernante. Urgía para los EEUU crear en España un Partido Socialista en España (es cierto que existía, pero con los socialistas que había en España apenas se podía cubrir para jugar un partido de fútbol). En Portugal los EEUU llegaron a sacar un Partido Socialista de la manga, gracias al dinero aportado por la Fundación Ebers y a la socialdemocracia alemana; ese partido, incluso, llegaría al gobierno pocos años después con Mario Soares.
En España, pues, erea de un lado crear un partido "cristiano" continuador del régimen y recrear un partido socialista, dejando de lado por completo a los comunistas del proceso. Estos planes eran, como muestra los dossiers norteamericanos y por fuentes conocidas desde hace tiempo, comentados por un Franco al que quedaban dos telediarios, Carrero Blanco antes de su muerto y fue rápidamente intuida por el hombre al que los norteamericanos finalmente encargarían de llevar adelante todo el proceso de cambio político sin cambios reales: Felipe González.
Para el Partido cristiano, los documentos norteamericanos hablan como futuro dirigente de un hombre del régimen, del interior, de familia humilde,... El escogido fue Herrero Tejedor, pero su muerte en accidente de coche hizo que tras la muerte de Franco aún no estuviese tomada la decisión. Los posibles eran Fraga, Areilza y Suárez. Tras la masacre de Vitoria, Fraga resultaba impresentable y se decidió por Suárez; para dejar de lado a Areilza se aireó un affaire sentimental del político.
Suárez fue pensado por los norteamericanos como un político de transición; su posterior negativa a abandonar el poder, presentándose a dos elecciones sucesivas, le conseguiría la enemistad americana (y con ella de banqueros y americanos). Para los banqueros y los americanos era básico que el Partido Socialista creado por ellos (ya veremos cómo) se hiciese con el poder, para poder manejar a la clase obrera en los reajustes neoliberales que se avecinaban. Felipe González era consciente de ello y durante seis años acorraló sin tregua a Adolfo Suárez sabiendo que contaba con poderosos aliados. Sabido es como después de la subida de los socialistas al poder se acabó el ruido de sables en España (y así lo dijo por televisión Alfonso Guerra a los cien días de gobierno socialista).
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