Es bueno, siempre es bueno, que los distintos matices, grupos, formas de pensar de nuestra sociedad se expresen, desde la creencia de que el diálogo lleva a la comprensión del otro y a la tolerancia de grupos distintos. Lo digo en referencia al paso por nuestro instituto del grupo Colegades. Y, en efecto, en España y en muchos otros lugares la homosexualidad ha sido durante muchos años un tema terriblemente reprimido y penalmente castigado. Muchas personas han sido ejecutadas por el simple hecho de sus tendencias homsosexuales; hay países aún hoy día donde el comportamiento homosexual es castigado con la pena capital.
Considero que el tema de la homosexualidad y otros parecidos van emparentados con uno más general: el de la represión de la propia sexualidad humana, que ha sido encauzada, viciada, maltratada,… por algunos sectores importantes de la sociedad que ven en la represión de la sexualidad la forma más eficaz de reprimir la vitalidad humana. Si se reprime la sexualidad, una pulsión tan fuerte de la naturaleza humana, cualquier otra represión (social, económica, ideológica,…) resulta ya un juego de niños. Se sabe de siempre que el toro, al ser castrado, se convierte en buey.
Particularmente, soy de la opinión de que la sexualidad es un aspecto más de la vida humana y que sólo en sociedades funcionalmente defectuosas la sexualidad llega a convertirse en el eje de la misma. Hoy día es difícil entender una relación hombre/ mujer sin tener en cuenta la identidad sexual de ambos; todo diálogo entre las personas se haya sesgado por su identidad sexual. La sexualidad se ha convertido, para muchos, más en una carga que hay que sobrellevar que en un placer que la vida oferta gratuitamente.
En un mundo naturalmente estructurado, la sexualidad dejará de ser un elemento identificatorio para convertirse en una de las múltiples facetas de la personalidad. Yo, por ejemplo, me siento más identificado con muchas mujeres de mi entorno, que por ejemplo con el rey de España, Berlusconi o un hombre de Thailandia. Yo no pienso que mi heterosexualidad sea una identidad o lo sea la homosexualidad para otro; simplemente, existen personas con comportamiento heterosexuales, u homosexuales, otros quizá encuentren su mayor placer en el onanismo,… pero ello no explica que se creen grupos o etiquetas a partir de un comportamiento. No creo que Sócrates., Alejandro Magno o Leonardo da Vinci, por poner ejemplos preclaros, se sintieran bien siendo etiquetados como homosexuales. Ellos se sentían hombres, personas, y su comportamiento sexual era algo tan secundario que ni siquiera valía la pena ser mencionado.
Sólo hay actos homosexuales o heterosexuales (o de cualquier tipo, pues las formas de sexualidad es amplísima en el ser humano, y seguramente la mayoría de ellas no son perversiones, como siempre se ha escrito en los manuales al uso) cuando practicamos la sexualidad. Cuando un grupo de amigos habla sobre política, sobre fútbol, sobre arte,….o sobre cualquiera de los asuntos de este vasto mundo, pienso que entonces no somos hombres o mujeres, homosexuales o heterosexuales, sino simplemente personas que hablan, discuten, dialogan,… Las etiquetas cosifican, simplifican a las personas. Sé de muchos amigos de tendencias homosexuales que verían de mala forma que se les identificara como homosexuales. Para mí no tiene sentido la expresión “orgullo gay” como no lo tendría la expresión “orgullo heterosexual”.
La naturaleza nos dio la sexualidad como algo sencillo y no estaba en sus planes que un tema de esa simplicidad (los animales lo saben) iba a acabar originando tantos traumas, problemas, prejuicios,… Es bueno, sí, que grupos como COLEGADES traten de la sexualidad sin complejos y se den a conocer. El diálogo abre las mentes. Sin embargo, hemos de llegar a la convicción que la sexualidad es un asunto vital más que teórico, y que como todas las cosas prácticas, el disfrutar de ellas es mejor que su teorización. Lenin estaba escribiendo un libro sobre la revolución cuando le llegó la revolución de octubre e inmediatamente lo dejó inconcluso: “Se disfruta más de la revolución –comentó- haciéndola que escribiendo de ella”.
Considero que el tema de la homosexualidad y otros parecidos van emparentados con uno más general: el de la represión de la propia sexualidad humana, que ha sido encauzada, viciada, maltratada,… por algunos sectores importantes de la sociedad que ven en la represión de la sexualidad la forma más eficaz de reprimir la vitalidad humana. Si se reprime la sexualidad, una pulsión tan fuerte de la naturaleza humana, cualquier otra represión (social, económica, ideológica,…) resulta ya un juego de niños. Se sabe de siempre que el toro, al ser castrado, se convierte en buey.
Particularmente, soy de la opinión de que la sexualidad es un aspecto más de la vida humana y que sólo en sociedades funcionalmente defectuosas la sexualidad llega a convertirse en el eje de la misma. Hoy día es difícil entender una relación hombre/ mujer sin tener en cuenta la identidad sexual de ambos; todo diálogo entre las personas se haya sesgado por su identidad sexual. La sexualidad se ha convertido, para muchos, más en una carga que hay que sobrellevar que en un placer que la vida oferta gratuitamente.
En un mundo naturalmente estructurado, la sexualidad dejará de ser un elemento identificatorio para convertirse en una de las múltiples facetas de la personalidad. Yo, por ejemplo, me siento más identificado con muchas mujeres de mi entorno, que por ejemplo con el rey de España, Berlusconi o un hombre de Thailandia. Yo no pienso que mi heterosexualidad sea una identidad o lo sea la homosexualidad para otro; simplemente, existen personas con comportamiento heterosexuales, u homosexuales, otros quizá encuentren su mayor placer en el onanismo,… pero ello no explica que se creen grupos o etiquetas a partir de un comportamiento. No creo que Sócrates., Alejandro Magno o Leonardo da Vinci, por poner ejemplos preclaros, se sintieran bien siendo etiquetados como homosexuales. Ellos se sentían hombres, personas, y su comportamiento sexual era algo tan secundario que ni siquiera valía la pena ser mencionado.
Sólo hay actos homosexuales o heterosexuales (o de cualquier tipo, pues las formas de sexualidad es amplísima en el ser humano, y seguramente la mayoría de ellas no son perversiones, como siempre se ha escrito en los manuales al uso) cuando practicamos la sexualidad. Cuando un grupo de amigos habla sobre política, sobre fútbol, sobre arte,….o sobre cualquiera de los asuntos de este vasto mundo, pienso que entonces no somos hombres o mujeres, homosexuales o heterosexuales, sino simplemente personas que hablan, discuten, dialogan,… Las etiquetas cosifican, simplifican a las personas. Sé de muchos amigos de tendencias homosexuales que verían de mala forma que se les identificara como homosexuales. Para mí no tiene sentido la expresión “orgullo gay” como no lo tendría la expresión “orgullo heterosexual”.
La naturaleza nos dio la sexualidad como algo sencillo y no estaba en sus planes que un tema de esa simplicidad (los animales lo saben) iba a acabar originando tantos traumas, problemas, prejuicios,… Es bueno, sí, que grupos como COLEGADES traten de la sexualidad sin complejos y se den a conocer. El diálogo abre las mentes. Sin embargo, hemos de llegar a la convicción que la sexualidad es un asunto vital más que teórico, y que como todas las cosas prácticas, el disfrutar de ellas es mejor que su teorización. Lenin estaba escribiendo un libro sobre la revolución cuando le llegó la revolución de octubre e inmediatamente lo dejó inconcluso: “Se disfruta más de la revolución –comentó- haciéndola que escribiendo de ella”.
Tags: capitalismo, revolución, ONG

